Buscaste «prompts para rol con IA», pegaste el primero de una lista de cincuenta. La primera respuesta estuvo bien, la cuarta fue papilla, y volviste a buscar una lista mejor — porque la explicación obvia es que te tocó el prompt equivocado.
No fue eso. El mismo párrafo que da una escena tensa con un personaje da relleno con otro, y ninguna de esas páginas explica por qué: hacerlo obligaría a hablar de algo que no son los prompts.
El prompt es lo más pequeño que ve el modelo
En cada turno le llegan cuatro cosas: la ficha del personaje, la conversación hasta ahí, los hechos guardados en memoria y el mensaje que acabas de escribir. El tuyo es el más corto y el último en llegar. Empuja, no manda.
Por eso los packs funcionan como el horóscopo. «Eres un detective cansado en una ciudad donde no para de llover» hace maravillas con un personaje cuya ficha son dos líneas vagas, porque aporta lo que faltaba. Pégalo sobre un personaje bien escrito y le has dado una segunda identidad que contradice la primera: se nota tres respuestas después, en una voz que se desliza.
De ahí el orden: la ficha, luego el mensaje inicial, luego la memoria, y solo al final qué escribes tú. Casi todo el mundo recorre esa lista al revés y concluye que la IA es mala.
La ficha: tres cosas que deciden todo
Quien viene del rol por foro o de Discord conoce la palabra «ficha» — y sabe que tres párrafos de «amable, lista, guapa» no aguantan una semana. Lo que aguanta no es la extensión.
- Una contradicción. Alguien que solo es amable no tiene adónde ir; alguien amable a quien eso agota tiene una escena en cada conversación.
- Los silencios. Si nunca habla de la guerra, de su hermano, de por qué se fue, escríbelo. El modelo no deduce un silencio que solo existe en tu cabeza.
- El registro, mostrado y no descrito. «Frases cortas, nunca termina un comentario sarcástico» vale más que un párrafo sobre su carácter. Y en español hay una línea que ordena la voz mejor que cualquier descripción física: si trata de tú, de usted o de vos.
Aquí la descripción del catálogo y la ficha son campos distintos, y al modelo solo llega uno. La descripción es el texto que lee una persona mientras ojea; la ficha es lo que se le pide ser en cada respuesta. Escribir tu mejor párrafo en la descripción es la forma más común de tirar buen material a la basura. Pieza hermana: lo que de verdad controlas, en vez de «entrenar».
El mensaje inicial es tu único ejemplo trabajado
El mensaje inicial se guarda como su primer turno, así que vive dentro de la conversación que el modelo lee — y en el mensaje uno es la única muestra de su voz que existe. Longitud, tiempo verbal, persona, si narra acciones o solo habla: todo se copia, y se sigue copiando, porque cada respuesta imita a la anterior.
«¡Hola! Soy Marina. ¿Cómo te llamas? ¿Qué te apetece hacer hoy?» le enseña algo concreto y poco útil: que pregunta y espera. Compara con una que hace el trabajo: «El bar está vacío desde que empezó a llover. Marina frota un vaso que ya frotó hace diez minutos y levanta la vista cuando se abre la puerta. — Tú eres el que llamó por la habitación de arriba. No era una pregunta». Un lugar, una hora, algo que acaba de ocurrir, una línea con su voz.
El saludo tampoco tiene que presentarte a ti: cada personaje guarda una memoria legible y editable, así que lo que dices una vez no hay que repetirlo. Eso es justo lo que libera al mensaje inicial para ser una escena. El argumento largo está aquí.
Aperturas que plantan la escena en lugar de interrogar
Tu primer mensaje es la otra mitad del trabajo: un sitio donde estar, algo a lo que reaccionar y exactamente una cosa sin explicar.
- «Es la última hora de tu turno y me siento en el extremo de la barra con una carpeta que claramente no quiero abrir. No me preguntes todavía».
- «Llevamos una hora de carretera y ninguno ha hablado desde el desvío. Soy yo quien toma la salida antes de tiempo, sin decir por qué».
- «Me encuentras en la escalera de incendios a las dos de la mañana. Te digo que no podía dormir. No es por eso que estoy aquí».
Lo que callas es el motor: le da un motivo para insistir y a ti una carta para más tarde. La forma a evitar es «Eres un señor vampiro, yo soy tu sirviente, empieza»: es una premisa, no una escena, y en su primera respuesta solo puede describirse.
Corregir el rumbo sin salir de la escena
Cuando una respuesta se desvía, el impulso es escribir una instrucción. Funciona una vez y cuesta siempre: se queda en la conversación, y un contexto lleno de acotaciones le enseña al modelo que esto es una charla sobre una escena.
- Dirige desde dentro de la ficción. ¿Respuestas más cortas? Escribe tú más corto: en dos o tres intercambios copia tu extensión. ¿Que deje de darte la razón? Haz algo a lo que se opondría.
- Usa el paréntesis fuera de personaje con cuentagotas: «[Fuera de rol: un párrafo corto por respuesta]». Uno funciona; cuatro convierten la escena en una reunión de producción.
- Edita la respuesta en vez de regenerarla — la herramienta que nadie usa y la de más palanca. Lo que dejas se convierte en el ejemplo que imita la siguiente: recorta tres párrafos al bueno y la próxima llega con esa forma. Y si la escena puede ir por dos caminos, bifúrcala en vez de discutir.
Cuando se queda plano, es una de tres cosas
- No queda ninguna pregunta abierta: resolviste la tensión hace dos intercambios. Mete algo de fuera de la habitación — una llamada, un mensaje, un plazo.
- Estás de acuerdo con todo, así que su única jugada es estar de acuerdo contigo. Discrepa una vez, en personaje, y en serio.
- El contexto se llenó de tus propias instrucciones. Empieza una historia nueva con ella: la memoria se lleva los hechos, las acotaciones no.
Y regenera dos veces, no ocho. Si dos tiradas salen flojas, el problema está antes de los dados.
Los deslizadores, en palabras normales
- La temperatura es cuánto se arriesga el modelo con la palabra menos evidente. Baja, sale consistente y algo sosa; alta, suena inventiva hasta que olvida un nombre que usó una página atrás.
- El top_p estrecha el campo de candidatos antes de elegir. Muy apretado la vuelve fiable y un poco robótica, pero es un freno más limpio que la temperatura.
- Las penalizaciones por repetición alejan de las palabras ya usadas: un poco cura al personaje atascado en un adjetivo; demasiado y deja de llamarte por tu nombre, porque tu nombre también se repite.
El resumen honesto: cambian la textura, no el criterio. Deciden cómo suena una frase, no si hay algo en juego. Un personaje de tres adjetivos no se hace hondo subiendo la temperatura.
Lo que un prompt no arregla
- No da memoria. «Recuerda que trabajo de noche» dura esta conversación y desaparece la semana que viene, salvo que esté escrito donde puedas abrirlo.
- No sostiene una regla mucho tiempo: lo que repites cada pocos turnos pertenece a la ficha o a la memoria.
- No rescata a un personaje hecho de tres adjetivos, ni mueve el suelo de contenido: el rol adulto queda detrás de una confirmación de 18+ dentro del bot.
Donde un rival es mejor, y se dice: para un mundo largo con lore condicional — entradas que solo entran cuando aparece un lugar o un nombre — SillyTavern tiene lorebooks y nota de autor a profundidad fija, y nosotros no tenemos ninguna de las dos. Una tarjeta se importa con ficha, mensaje inicial y parámetros de sampleo; el lorebook no viene con ella. Si tu flujo depende de eso, esa es la mejor herramienta, y Chub y Janitor tienen bibliotecas mucho mayores que nuestro catálogo.
La prueba de diez minutos
- Abre la ficha de un personaje que se apagó. Añade una contradicción y un tema del que nunca habla: dos frases.
- Reescribe su mensaje inicial como escena: lugar, hora, algo que acaba de pasar, una línea con su voz. Borra los signos de interrogación.
- Abre su memoria y borra la línea equivocada. Suele haber una.
- Empieza una historia nueva y manda una de las aperturas de arriba.
- Cuando una respuesta llegue al ochenta por ciento, edítala en vez de regenerarla y mira la siguiente.
Si tras diez minutos de edición y cero prompts nuevos está claramente mejor, ahí tienes la respuesta a lo que buscabas. El bot es @talaforge_bot y se abre dentro de Telegram: nada que instalar, ningún registro.